OSCAR SARLINGA

"NO VEO LUCHAS DE PODER EN LA IGLESIA"

Por Juan Cruz Sanz

Su flamante designación al frente de la diócesis de Zárate-Campana por parte de Benedicto XVI desató polémicas dentro de la Iglesia Católica Argentina. Sin embargo, Sarlinga desmiente una pelea directa con el arzobispo de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, representante de la autodefinida corriente “progresista”. Sarlinga niega las versiones que acusaron a Bergoglio de haber viajado al Vaticano para elevar su protesta por los últimos nombramientos de miembros del Episcopado. El nuevo obispo reconoce fricciones pero no hostilidades con el Gobierno, y defiende a “Cacho” Caselli.

Victoria Gesualdi (Diario Perfil)
Oscar Sarlinga

Monseñor Oscar Sarlinga es el flamante obispo de la diócesis Zárate-Campana y su nombramiento se vio acompañado de versiones que indican una fuerte disputa de poderes en el seno de Iglesia Católica Argentina en medio de la visita del Cardenal Jorge Bergoglio a la Santa Sede. Con 42 años, es el obispo más joven del país y su designación responde a una serie de nombramientos que generaron controversia en el ámbito espicopal por ser “opuestos” a la línea de Bergoglio. Sarlinga tiene una extensa carrera dentro del derecho canónico y posee un doctorado en teología dogmática en Roma. Sorprendido por la polémica que provocaron los nombramientos, Sarlinga recibió a PERFIL en la sede de la diócesis Mercedes-Luján, donde ocupa el cargo de obispo auxiliar hasta el 18 de este mes, cuando asuma su nuevo puesto.

–¿Se siente parte de una nueva etapa en la Iglesia?
–Me siento inscripto como obispo de la Iglesia Católica con la mentalidad actual, la del Concilio Vaticano Segundo y la de las enseñanzas de los pontífices subsiguientes. En ese sentido soy un obispo de este tiempo, que tiene la misión de siempre. En eso, la cuestión de edad no es tan importante. La madurez espiritual, religiosa y pastoral no es solamente un tema de edad.
–¿Por qué se lo señala dentro de la línea conservadora?
–¿Qué significa ser “conservador”? Como todos mis pares en el Episcopado, soy obispo de esta época, abierto a la problemática de este tiempo, en una fidelidad fundamental al evangelio y a las enseñanzas de la iglesia. Soy un obispo en plena fidelidad al Papa, a las enseñanzas de la Iglesia y al Evangelio. Cómo me quieran considerar, es otro tema.
–¿Y por qué se habla de una lucha de poderes?
–Sinceramente, y no lo digo con ingenuidad ni tratando de manifestar una visión edulcorada, no he visto lucha de poder. Hay diferencias de opiniones y tendencias legitimas en aquellas cosas que no son de fe y que son más esenciales. Hay mucha más hermandad y
comunión.
–¿Cómo es la relación con el gobierno de Kirchner?
–La visión de la Iglesia es “mutua autonomía, sana cooperación”. La Iglesia es autónoma respecto de la política. No queremos interferir indebidamente en lo que no nos corresponde. Compartimos aspectos muy importantes de la dignidad de las personas y del crecimiento de la sociedad. Hubo algunas situaciones conflictivas o visiones distintas respecto de algunos temas importantes, pero de ahí a la hostilidad... de ninguna manera.
–¿Cómo es su relación con Bergoglio?
–Excelente, fue uno de mis consagrantes cuando fui nombrado obispo. Lo respeto, valoro y considero que es un digno Cardenal Primado de la Argentina. Tiene un rol muy importante de guía y orientación sobre los demas obispos.
–¿Bergoglio viajó a la Santa Sede a protestar ante Benedicto XVI por los últimos nombramientos?
–¿Quien dijo que el cardenal viajó con este fin? El señor cardenal ha viajado por su cargo en el Sínodo de los obispos, en ningún momento se afirma lo anterior. Yo creo que todo esto ha sido fruto de una gran confusión. Desconozco quién pudo haber tenido un interés en generar esta versión.
–A usted se lo vincula con Caselli y a él como un operador dentro de la Santa Sede, en la polémica que generaron los nombramientos de los nuevos obispos...
–Hablar de Caselli como operador no me parece justo. En los nombramientos episcopales ninguna persona que sea ajena a la congregación de los obispos, a la secretaría de Estado y en última instancia al Santo Padre, ninguna otra persona tiene injerencia.


Publicado el Domingo 6 de Febrero de 2006 en el Diario Perfil.


EL FOLLETO DE BIOY DE BORGES

POR MIGUEL WIÑAZKI (Diario Clarin 31/01/06)

Cuenta Adolfo Bioy Casares que en 1937, su tío, uno de los dueños de la tradicional lechería La Martona, le pidió que escribiera un folleto sobre la leche cuajada y el yogur a cambio de 16 pesos por página. Bioy le propuso entonces a Jorge Luis Borges que lo escribieran juntos. Cuenta Bioy que efectivamente lo escribieron en el comedor de su estancia, mientras crepitaban las ramas de eucalipto en la chimenea. Y cuenta también que aquel folleto significó para él un valioso aprendizaje. Confiesa que después de su redacción “era otro escritor, más experimentado y avezado”.

El asunto deja algunas enseñanzas interesantes. Para los grandes escritores, no existe la literatura pequeña. La palabra merece respeto allí donde se la escriba y la tarea de escribir mejora a quien la practique con conciencia absoluta y absoluta dedicación.

Con el periodismo cabe un análisis semejante. Naturalmente, no es fácil hallar autores en éste campo de la altura de Borges o Bioy, pero se puede decir que los mejores periodistas son los que no desprecian las tareas menores. Un epígrafe bajo una foto, requiere, idealmente, de la misma concentración y cuidado que el remate de una nota de tapa. Un pequeño recuadro, si está escrito por un buen periodista estará bien escrito, y si, por alguna razón, no resulta inmejorable a los ojos de quien lo ha redactado, éste, si lleva la profesión en el alma, lo sentirá y no olvidará la imperfección perpetrada.

Es relativamente común, por el contrario, encontrar “periodistas” principiantes que se sienten despreciados si deben escribir una nota breve sin su firma rimbombante al pie. Confunden extensión con importancia, y consideran que todo lo que hacen merece su rúbrica. Olvidan que los textos de la página principal de los medios, la tapa, no llevan la autoría explicitada.

Bioy Casares evoca en su Memorias una sabia y ardua decisión existencial que tomó una vez: “quería arremeter contra la vanidad porque había descubierto que es incompatible con la dicha”.
Es muy profundo: los vanidosos son infelices.

La vandidad, además, no sólo es incompatible con la dicha. Es un error que antepone el propio Yo, a los demás, y que por lo tanto considera menor e indigno toda tarea que no beneficie primero a su autor.

Escribió Bioy: “Yo creía, y sigo creyendo, que el autor debe anteponer la obra al amor propio”.

Una vez, cuando él vivía en San Telmo, pasé una tarde dialogando con Tomás Eloy Martínez en torno de su insoslayable “Santa Evita”. Cuando finalizaba la charla Tomás recordó que debía darme una misiva para alguien. Un pequeño mensaje escrito. Nada más. Se acercó a una máquina de escribir que tenía en una de las habitaciones. No era una computadora, aunque no hace mucho tiempo de esto. Se sentó, colocó minuciosamente el papel en el cilindro de la máquina, y se le transfiguró la cara. Parecía hipnotizado. Los ojos se fijaron en la hoja y un silencio irrebatible inundó la sala. Yo no atiné a decir una palabra, tal era el grado de concentración que la mirada de Tomás Eloy imponía en el aire.
Demoró 20 minutos en escribir cinco líneas. Leía y releía cada palabra. Y cuando consideró que lo redactado era correcto, me lo entregó casi con solemnidad.

Aprendí entonces que cinco líneas son inmensamente valiosas, si es que alguien valora a las palabras.

Porque es con ese respeto que se hacen las cosas dignas.