Tres años

Tres años. 1095 días. No estás. Sé que tu presencia está en todos lados pero yo no te veo. No te encuentro. Un castigo que siento que nunca va a ceder. Es la letanía del no verte convertida en un tediosa rutina. No tenerte. No volverte a escuchar. El saber que te arrancaron de nosotros y nada se pudo hacer. Nada puedo hacer.

Cuando se supone que estaría viajando a Río Gallegos para tu egreso. Preparando todo para que te vengas a estudiar, estoy acá. Pensándote, sosteniendo otra cosa y tratando de imaginar cómo hubiese sido. Estoy en un blog. Sí, mi blog. Ese que imprimías y lo guardabas en un cajón para leerme. Tu mamá encontró las copias y yo no pude aguantar el quebrarme como un nene. Tenías 15 años recién cumplidos. Pero el tiempo es otro. No estoy buscando datos para tu futura carrera. Estoy recordando cada minuto que pude hablar. Que pude abrazarte. Que pude jugar con vos. Me cuesta hacerlo. Tengo tantas cosas para contarte, que en el momento de hacerlo me agarra ese extraño dolor. No me quiero resignar a que esta sea la única forma de decirte lo que me pasa.

Hace tres años que te asesinaron. Lo sé. Lo recordás muy bien. Te quiero contar que en todo este tiempo que pasó desde la última vez que te escribí, aprendí muchas cosas. Más que nada en el último mes. Dejé de llorar a escondidas. Deje de llorarte. Descubrí que es mejor recordarte con una sonrisa. Con esa cara con la que me decías "Cacu", buscando mi complicidad para alguna de tus cagadas. Con esa cara con la que me decías "Te Quiero Tio".

El recuerdo pasa a ser la imágen del recuerdo. Sólo me queda esa última vez que hablamos por teléfono antes que te vayas a la fiesta. El resto aparece por momentos. Como caricias que me hacés desde arriba.

Estoy seguro. Ese día que decidiste cerrar los ojos por última vez, vos ya sabías todo esto. No tengo dudas de eso. Siempre fuiste reservado. Callado. Algo pícaro, pero extramadamente vivo. Ya te habrás dado cuaneta que nació Julieta. Tu hermanita. Sí, preparate para agarrarte la cabeza. Tuvimos que cambiar tus fotos de Slayer por algo más rosa, más a tono. No seas calentón. Mamá y papá guardaron todo muy bien, además, Agustín se encargó de ser el custodio de todas tus cosas. No podría confirmar que están en buenas manos, pero eso te lo vas a tener que arreglar con él. En mi último viaje a Gallegos tus viejos me ofrecieron ver tus cosas y si quería, llevarme algo. Me hice el boludo. No respondí la propuesta. No quiero nada. No necesito nada para recordarte. Estás adentro mio y así vas a estar siempre.

Hace un par de días. No me preguntes por qué, me encontré con tu número en mi agenda. Todavía no lo borré. Llamé deseando que ya esté asignado a otra persona y poder eliminarlo. Nadie respondió.
 
Lean. Te quiero. No hace falta que te lo diga porque en el fondo sé que nunca te fuiste. Dicen que uno siempre está donde más lo extrañan y vos estás acá. Conmigo. 

1 comentario:

Usagi dijo...

Yo me acuerdo como si fuera ayer la noticia. Otra muerte por picada. Me alegra q lo hayas aprendido a recordar con una sonrisa y que al menos este preso quien lo hizo, lógico que no lo traen a Lean de vuelta. Yo me devato si ir al juicio o no de Matias, pasaron muchas cosas, entre otras zapatearnos la fecha para febrero para que pase sin pena ni gloria.
Te entiendo Juan, mucho. Desde aca mi apoyo.