Veinte días

Pasaron 20 días desde la última vez que escribí en el blog. La verdad es que los tiempos son pocos... y cortos. Casi no hay lugar en la agenda para poder sentarme a escribir. Entrenamiento, diario, programa de TV y la vida personal. Es imposible poder escribir algunas líneas sin tener la cabeza relajada. Ante la opción, prefiero leer algunas cosas y descansar. Faltan poco más de 15 días para subirnos al avión y darle más vuelo al último intento.

En estas dos semanas el trabajo fue duro pero intentamos mantener cierta regularidad de entrenamiento. Trabajos con pelota en Salguero Fútbol, partidos con #NuncaMenosFC y físico en El Rosedal.

Me siento muy bien. Aparece la diferencia y eso me da muchas ganas. Recibimos noticias desde Madrid. Desde el 14 de enero y durante dos semanas trabajaremos en el Centro de Entrenamiento de Alto Rendimiento Deportivo Spoc, muy cerca del aeropuerto de Barajas. Pueden ver de qué se trata aquí

Si logramos acoplarnos, jugaremos con ese plantel una serie de amistosos con clubes del ascenso español. El equipo de Spoc es un combinado de jugadores libres que esperan por su oportunidad en algún club europeo. Una linda experiencia y buena medida para saber dónde estamos parados. Estuve mirando "la plantilla" (hay que ponerse a tono), Me puso muy bien no ser el más viejo, pero tengo casi 10 años de diferencia con la mayoría. Vamos a tener que imponer la actitud y la experiencia (?) (todavía estoy buscando todo eso).

A Nico ya le llegó su pasaporte y yo estoy viendo que me falta para armar las valijas. #ElUltimoIntento está fuerte. Ya tengo un amigo que se ofreció para armarme un buen CD de Cumbia. Algo clave para el momento de vendarse y meterse en el partido. ¿Tienen alguna sugerencia?





El catorce

Acá estamos. Pasé de la jura de Ministros a licitaciones polémicas del ministerio de Seguridad y terminé corriendo en los bosques de Palermo tratando de llegar en los tiempos estipulados por el profe. El último intento no terminó. Luego de una semana complicada, ayer arrancamos la semana de entrenamiento. Trabajo aeróbico en El Rosedal con cambios de ritmo en 6.200 metros. Venía de una semana complicada y falto de horas de entrenamiento, pero lo bueno es que ya se está sintiendo la base física. Terminé muy bien. La motivación aumenta y eso es lo más importante. Si dejo de sentir ganas, esto pierde sentido.

La semana pasada mis tobillos volvieron a molestar. Al despertarme, el dolor es fuerte pero luego, con el correr de las horas, deja de sentirse y me permite hacer cualquier actividad física con normalidad. Ayer no tuve problemas, ni dolores. Nico estuvo bien. Está metido y eso suma para el trabajo en equipo.

Ya tenemos vuelo. El 14 de enero a las 22.30 sale el avión que nos dejará en Madrid. Ahora estamos en condiciones de poder organizar la agenda en Europa y contar la cuenta regresiva. Hoy jugamos con #NuncaMenosFC. Es el momento de comenzar a marcar la diferencia y exigir al cuerpo. Esta noche les cuento.




Tres años

Tres años. 1095 días. No estás. Sé que tu presencia está en todos lados pero yo no te veo. No te encuentro. Un castigo que siento que nunca va a ceder. Es la letanía del no verte convertida en un tediosa rutina. No tenerte. No volverte a escuchar. El saber que te arrancaron de nosotros y nada se pudo hacer. Nada puedo hacer.

Cuando se supone que estaría viajando a Río Gallegos para tu egreso. Preparando todo para que te vengas a estudiar, estoy acá. Pensándote, sosteniendo otra cosa y tratando de imaginar cómo hubiese sido. Estoy en un blog. Sí, mi blog. Ese que imprimías y lo guardabas en un cajón para leerme. Tu mamá encontró las copias y yo no pude aguantar el quebrarme como un nene. Tenías 15 años recién cumplidos. Pero el tiempo es otro. No estoy buscando datos para tu futura carrera. Estoy recordando cada minuto que pude hablar. Que pude abrazarte. Que pude jugar con vos. Me cuesta hacerlo. Tengo tantas cosas para contarte, que en el momento de hacerlo me agarra ese extraño dolor. No me quiero resignar a que esta sea la única forma de decirte lo que me pasa.

Hace tres años que te asesinaron. Lo sé. Lo recordás muy bien. Te quiero contar que en todo este tiempo que pasó desde la última vez que te escribí, aprendí muchas cosas. Más que nada en el último mes. Dejé de llorar a escondidas. Deje de llorarte. Descubrí que es mejor recordarte con una sonrisa. Con esa cara con la que me decías "Cacu", buscando mi complicidad para alguna de tus cagadas. Con esa cara con la que me decías "Te Quiero Tio".

El recuerdo pasa a ser la imágen del recuerdo. Sólo me queda esa última vez que hablamos por teléfono antes que te vayas a la fiesta. El resto aparece por momentos. Como caricias que me hacés desde arriba.

Estoy seguro. Ese día que decidiste cerrar los ojos por última vez, vos ya sabías todo esto. No tengo dudas de eso. Siempre fuiste reservado. Callado. Algo pícaro, pero extramadamente vivo. Ya te habrás dado cuaneta que nació Julieta. Tu hermanita. Sí, preparate para agarrarte la cabeza. Tuvimos que cambiar tus fotos de Slayer por algo más rosa, más a tono. No seas calentón. Mamá y papá guardaron todo muy bien, además, Agustín se encargó de ser el custodio de todas tus cosas. No podría confirmar que están en buenas manos, pero eso te lo vas a tener que arreglar con él. En mi último viaje a Gallegos tus viejos me ofrecieron ver tus cosas y si quería, llevarme algo. Me hice el boludo. No respondí la propuesta. No quiero nada. No necesito nada para recordarte. Estás adentro mio y así vas a estar siempre.

Hace un par de días. No me preguntes por qué, me encontré con tu número en mi agenda. Todavía no lo borré. Llamé deseando que ya esté asignado a otra persona y poder eliminarlo. Nadie respondió.
 
Lean. Te quiero. No hace falta que te lo diga porque en el fondo sé que nunca te fuiste. Dicen que uno siempre está donde más lo extrañan y vos estás acá. Conmigo. 


Recuerdos de los tiempos en que fui feliz

Yo quería ser arquero. No sé por qué. Recuerdo que tenía un fanatismo importante por Goycochea. Lo concreto es que mi futuro abajo de los tres palos era sombrío. Mi viejo fue quien se encargó de hacérmelo saber con una honestidad brutal que todavía me asombra. El día que me compré con mis ahorros mi primera camiseta de Racing, aquella que tenía la publicidad de Rosamonte y no era original porque a Río Gallegos nunca llegaban, con lo que me sobró me compré una camiseta de arquero y guantes. No me resignaba.

Nunca llegué a atajar. Sólo volaba magicamente en el quincho de mi casa. Luego llegó la escuelita de fútbol y mi mentirosa pasión por el arco desapareció. Primero vino el futsal. Todavía exístia esa regla de los goles fuera del área y era clave pegarle de puntín porque la pelota no picaba ni de casualidad. Un poco más grande llegó la cancha grande. Así pasé la octava división como un siete retacón, picante y algo mediocre. Apenas jugaba y el banco de suplente me aburría. Eramos varios los que no teníamos lugar. Un día Mariano Mendoza, un amigo inquebrantable de esas épocas, creo que todavía lo es pero pasaron muchas cosas en el medio que depende él, me dijo que nos teníamos que ir a Bancruz. Dejar la escuela de fútbol para irnos a un club. Eran los primeros meses del 97. Me la jugué y me fui con él. Nunca más me fui de ese color azul Francia.

En el medio nunca dejaron de estar los partidos en la plaza de la Escuela 10 o entrar de canuto a la Iglesia de Los Mormones para jugar en la canchita. "Hasta los 20", era la única regla. Partidos eternos de varias horas. Era como un partido de tenis. Según la capacidad del rival el partido podía durar 20 minutos o cinco horas. Jugar en la nieve, en el hielo, con viento, con lluvia. No importaba. Nunca importaba. Siempre estábamos con Mauro y Agustín listos para cualquier desafío o para jugar el clásico contra "los de la vuelta".

El siete picante (?) duró con altas y bajas hasta la sexta división. El estirón no llegaba nunca y la velocidad se perdía en el camino. La sexta era como el quiebre entre el fútbol infantil y el fútbol. En el primer entrenamiento, Hugo "Papa Noél" Irigoitía (una gran persona con la que estoy muy seguro que volveré a comer un asado) decidió ponerme de cuatro. No la vi. Lo repitió una y otra vez. Yo cada día la veía menos. Pero el sueño de quedar en la lista de buena fe para poder entrar en los 16, yo era de los más chicos, se transformó en debutar el campeonato como el lateral por derecha titular. No era Hugo Benjamín Ibarra, claro está, pero con mi metro cincuenta de esa época me la banqué bastante bien. Lo mio era garra y una capacidad para la marca inobjetable.

Desde hace varios días, con mucha melancolía recuerdo esos tiempos. Años en los que fui muy feliz. Miles de anécdotas. Fotos que nunca se van a borrar. Mis grandes amigos me los dio el fútbol y eso no lo olvido. Mucho de eso que viví es lo que me lleva a este último intento. Un último intento que será todo.


Trabajos en Salguero Fútbol