Madrid: Día I

A las 8 de la mañana sonó el teléfono de Fran. La Mona Jimenez arrancaba a full. "Soy argentino como la locura de seguir creyendo, como la aventura seguir queriendo". Un tema especial para alguien que busca un lugar, lejos de su familia y su Lanús. Nico, el hombre más responsable de este viaje, se levantó rápido. No sé si por la ansiedad o por no soportar más a su metro setenta y pico en un sofá de dos cuerpos.
Desayunamos tranqui, acomodamos los bolsos y salimos los tres a la estación Nuevos Ministerios. Treinta y cinco minutos de viaje, una combinación de subte y una línea de colectivo hasta llegar al Spocs Center. En la parada nos encontramos con Simón, un colombiano de 19 años que se está preparando para entrar en alguna filial de los equipos de la primera española. En la cancha, la conexión con El Chiqui y Mati fue atomática. El Chiqui tiene 26 años, el jugador más baldosero de esta aventura. Desde el 2009 transita por clubes del ascenso español e italiano. Se jacta de haber estado internado en tres países y de una cantidad insuperable de oficios que le permitieron sobrevivir en Europa. Albañil por tres días, barman durante un mes, operario en una fabrica de ventanas de aluminio en Italia, volantero y casi termina poniendo vidrios en un rascacielos de Paris. Durmió en una estación porque lo echaron de un club por algunos desarreglos y se mudó once veces. Asegura que casi entra en una inmobiliaria de Madrid. Sí, en el medio de la peor crisis española, el Chiqui pretende vender departamentos. Sin dudas, su vida va a contramano. Ahora camina por Madrid con la campera del Atlético Tecchiena, su último club en la tercera categoría italiana y una gorrita que le regaló un "vecino medio rapper".  Tiene algo. Una forma de ser especial a la que ya encontraremos el secreto.
Con Matías hablamos menos. Cordobés de 25 años. Jugó en Italia, Suecia y en una isla frente a Ibiza. Un paraíso. Le decían el Pele Blanco de Formentera. Ahora trabaja en un local de venta de celulares, mientras busca un golpe de suerte futbolístico.
Arrancamos muy bien. Regenerativo de cuatro kilómetros y trabajos de potencia. El objetivo que nos marcamos en Buenos Aires se cumplió. Estamos a la par del resto y eso es clave para seguir apuntando alto. Después de los trabajos físicos llegó el contacto con la pelota. Tiros al arco y ejercicios de sincronización. El final, ya con una lluvia copiosa, fue con fútbol informal. A esa hora, cerca de las 12 del mediodía, el clima ya estaba muy complicado. Mucho frío. Nada paró el entrenamiento. Me sentí en mi Río Gallegos.
Por la tarde cerramos algunos trámites y compramos el bono de Transporte que nos permite ahorrar un número importante. Evitamos pagar los seis euros por día que nos costaría ir a entrenar abonando los boletos comunes.
Ahora se siente el cansancio, eso es lo de menos, mañana toca el segundo día y esto se pone cada día mejor.




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