Me quedo con vos.

En todas las esquinas aparece ella. En todas las canciones. En todos mis sentidos. En todas mis miradas, en cada una de mis palabras. Ya no la puedo sacar. Solo tengo palabras de agradecimiento, un agradecimiento eterno que trasciende y trascenderá cualquier situación personal.
Es increíble como la mente humana guarda esas fracciones de segundos de miradas que nos cambiaron para perdurar. Miradas que nunca se irán. Así entró para quedarse en mi. Lucía Dedyn. Así la conocí. Un nombre y apellido. Un avión: AR 2867 Trelew y yo y mis ganas de querer saber que se escondía detrás de esa morocha de ojos color azul petróleo. Las vueltas de la vida me demostrarían que cuatro años después, ese petróleo se transformaría en la materia prima para el combustible que me levantaría día a día. Hace un tiempo escribí estas líneas. 


No sabían que iba a pasar. Nunca lo imaginaron. Un aeropuerto. El la identificó rápido, era imposible no hacerlo. Ella mostró su indiferencia y él trató de llamar la atención.

El vuelo duró casi dos horas. Lo que tardó el avión en atravesar medio territorio argentino. Una obra en aeroparque complicó los planes iniciales. Quizás alguien lo planificó y los soprendió. En Ezeiza todo se alteró. Ella aprovechó, lo miró y trató de que todo sea una efectiva situación de ganancia para ambos: compartir un taxi.

-¿Vas para Palermo?
-Sí, claro. Vamos

Mentira. No iba a Palermo pero la verdad es que le importaba poco a donde iba. Apenas habían pasado unos minutos de la medianoche. Ella, aislada, miraba por la ventana y escribía en su celular. El, nervioso trataba de llamar su atención, de romper el hielo, de conseguir una palabra. Algo. Nunca lo logró. 

El taxi bajó por Caballito, siguió su rumbo y se detuvo en algún punto de la avenida Santa Fe. Ella le dio 40 pesos y se despidió. El solo atinó a pedirle su celular o algún mail. Ella accedió pero le dio algunas indicaciones: "No me escribas". Pasó el tiempo. Pasaron cuatro años. En esa sucesión de días el intentó todo, pero no lo logró.
En el tiempo ella se mostró con la seguridad de ser al mujer que todo lo tiene. El solo sumó una categórica colección de fracasos. Histeria. Ganas e inconstancia.

El 7 de octubre de 2012: una cerveza, una mirada y un sello que prometió ser para toda la vida.

Hoy escribo esto con la nostalgia y la tristeza de no haber sido el hombre que las circunstancias merecían. Tuve a la mujer más maravillosa de la tierra al lado mio. Ahora sus ojos me miran con risa.
Así me enamoré de Lucía. Fui inmensamente feliz. Ya no soy nada.

Durante año, Lula me enseñó cada cosa que no sabía. Me ordenó. Me dio toda su vida. Me la puso en mis manos y ese el recuerdo que me llevó adentro de mi corazón.

No fui el mejor, no soy el mejor. Ya creo que en la puerta de los 28, nunca lo seré. Nunca enfrentaré mis miedos, mis fantasmas, mi basura, la mierda que me rodea la cabeza y me lleva a hacer cosas pelotudas, sin sentido alguno. Soy mi enemigo. Soy la persona que vive en mi y que nunca me dejará crecer. Hace algunas, hablando con mi psicóloga, le comenté que quería escribir acá. "Desahogate. Exponete. Dejá de mostrarte como inalcanzable. Abrí y escribí con tu corazón. Lo que salga".

Acá estoy. Mirando el celular cada 10 minutos, esperando un mensaje, un mail, una señal que me diga que ella esta ahí pensando en que todo esto es una puta pesadilla que terminará pronto. En un año, de un momento a otro, tenía una familia más, tenía hermanos y primos. Ya no estaba solo. Ya no era es Juan Cruz que deambulaba solo por la vida, ocultando todo. Era una persona, era otro.

Abrí todo lo que pude. Mostré mis miserias más ocultas, mis vergüenzas más profundas y mis miedos mas sinceros. Todo eso le di. Todo eso le conté. Soñaba con una vida juntos. Hace algunas horas, leí por ahí "El que proyecta y no llega se frustra". Tenías razón Lula pero te equivocaste en algo: proyectaba porque te amo con el alma y el corazón. Con todo lo que pueda dar.

Desde el 2008 ya no creo en la tristeza. Sostengo que el peor sentimiento de todos es la angustia. Es el pecho agitado, esa sensación de ahogo y las ganas de querer llorar a los gritos. Cada canción, cada restaurant, cada ciudad, cada sueño que charlamos juntos, cada cuadra. Palermo. Parque Norte. Charcas. Agüero.  Parque Norte. Costanera. Aeroparque. Pilar. Estás en todos lados. Las decenas de horas de películas. De sonrisas. Los mates charlando. Las cervezas en el balcón. Asados. Tus cosquillas. Cada lunar. Cada caricia.

Supongo que, inconscientemente, aprendí amar de la misma forma de mierda que percibí siempre en mi entorno. No hay un manual de estilo, un reglamento. Cada uno como puede, como le sale. Lo mio fue nada. Nunca estuve a la altura del hombre que una mujer como ella necesita. Si lees estas líneas, solo te pido Perdón. Perdón con toda mi alma de algo que yo nunca me voy a perdonar. "Ya va a pasar", dicen los facilismos. Hace cinco años espero que pase la angustia por la muerte de Leandro y no pasa. Hace más de 15 años espero que pase el recuerdo de ese departamento, con la luz apagada. Y esta angustia calculo que no se irá. Creo en que todo puede cambiar.

Para el resto seguiré adelante, sin andar culpándome por las cosas estúpidas que hice. Ya no quiero mentir más. Esa herramienta que en algún momento sentí que me cuidaba, hoy me enterró tres metros bajo tierra.

Me dio su abrazo en mis momentos más difíciles e inimaginables, pero por sobre todo, me amó como nadie lo va hacer jamás. Perdón por haber sido tan idiota. Mientras cierro esto, trato de abrazarla y recuerdo un abrazo, cuando después de ir a buscarla a la casa de una amiga, le comenté que lo que creía que tenía mi sangre no era así. Ese abrazo me protegió. Me protege aún hoy.

Te amo y hoy se lo grito al mundo. Aquí quedarán estas líneas que nunca se borrarán. NUNCA. Gracias LULA por haberte cruzado en mi vida. GRACIAS por demostrarme que en la tierra también hubo un ángel que me cuidó siempre. Yo fui la bestia que lo único que supo hacer fue desgarrar. Tengo miedo. Mucho.

"Me golepaste con tus ojos de furia...
Me acariciaste con tus labios de astucia...
Me regalaste un rato, te quedaste para siempre...
Me regalaste tiempo, me volviste indemne..."

Terminaré está canción con el deseo de poder escuchar de tu boca: "Ya pasó", y tu mano extendida.

"Era hermosa su mirada y en aquella madrugada hubo más de una razón para mirar al cielo para agradecer que no soy ciego y pude ver su color". Gracias otra vez. Tenías razón "te vas a quedar solo". Ya en eso no puedo contradecirte.

Te amo

Juan Cruz

Tu Da Vinci del show.


3 comentarios:

Mara Antonio dijo...

Juan!! Me hiciste llorar!! Cuanto amor y dolor en tus palabras!! Fuerza campeón!! Cariños desde NY.

Rocamadour dijo...

Hermosas palabras, hermoso sentimiento.

Nany dijo...

Amigo.. no sos el único que sufre por una morocha de ojos azules, también yo perdí la mía y fue solo mi culpa, no supe detenerme seguí mi camino total ella era mía, simplemente dejo de quererme.
Hoy estoy aqui, mirando que no soy el único imbécil que añora lo perdido.
A pesar de todo sigo creyendo que el motor de la vida es solo, El Amor. Nany