La política económica de Cristina Kirchner

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¿Qué es lavado de dinero? (En inglés)





Saul, el abogado de la premiada serie Breaking Bad se lo explica al personaje Jesse. Impecable.


Me quedo con vos.

En todas las esquinas aparece ella. En todas las canciones. En todos mis sentidos. En todas mis miradas, en cada una de mis palabras. Ya no la puedo sacar. Solo tengo palabras de agradecimiento, un agradecimiento eterno que trasciende y trascenderá cualquier situación personal.
Es increíble como la mente humana guarda esas fracciones de segundos de miradas que nos cambiaron para perdurar. Miradas que nunca se irán. Así entró para quedarse en mi. Lucía Dedyn. Así la conocí. Un nombre y apellido. Un avión: AR 2867 Trelew y yo y mis ganas de querer saber que se escondía detrás de esa morocha de ojos color azul petróleo. Las vueltas de la vida me demostrarían que cuatro años después, ese petróleo se transformaría en la materia prima para el combustible que me levantaría día a día. Hace un tiempo escribí estas líneas. 


No sabían que iba a pasar. Nunca lo imaginaron. Un aeropuerto. El la identificó rápido, era imposible no hacerlo. Ella mostró su indiferencia y él trató de llamar la atención.

El vuelo duró casi dos horas. Lo que tardó el avión en atravesar medio territorio argentino. Una obra en aeroparque complicó los planes iniciales. Quizás alguien lo planificó y los soprendió. En Ezeiza todo se alteró. Ella aprovechó, lo miró y trató de que todo sea una efectiva situación de ganancia para ambos: compartir un taxi.

-¿Vas para Palermo?
-Sí, claro. Vamos

Mentira. No iba a Palermo pero la verdad es que le importaba poco a donde iba. Apenas habían pasado unos minutos de la medianoche. Ella, aislada, miraba por la ventana y escribía en su celular. El, nervioso trataba de llamar su atención, de romper el hielo, de conseguir una palabra. Algo. Nunca lo logró. 

El taxi bajó por Caballito, siguió su rumbo y se detuvo en algún punto de la avenida Santa Fe. Ella le dio 40 pesos y se despidió. El solo atinó a pedirle su celular o algún mail. Ella accedió pero le dio algunas indicaciones: "No me escribas". Pasó el tiempo. Pasaron cuatro años. En esa sucesión de días el intentó todo, pero no lo logró.
En el tiempo ella se mostró con la seguridad de ser al mujer que todo lo tiene. El solo sumó una categórica colección de fracasos. Histeria. Ganas e inconstancia.

El 7 de octubre de 2012: una cerveza, una mirada y un sello que prometió ser para toda la vida.

Hoy escribo esto con la nostalgia y la tristeza de no haber sido el hombre que las circunstancias merecían. Tuve a la mujer más maravillosa de la tierra al lado mio. Ahora sus ojos me miran con risa.
Así me enamoré de Lucía. Fui inmensamente feliz. Ya no soy nada.

Durante año, Lula me enseñó cada cosa que no sabía. Me ordenó. Me dio toda su vida. Me la puso en mis manos y ese el recuerdo que me llevó adentro de mi corazón.

No fui el mejor, no soy el mejor. Ya creo que en la puerta de los 28, nunca lo seré. Nunca enfrentaré mis miedos, mis fantasmas, mi basura, la mierda que me rodea la cabeza y me lleva a hacer cosas pelotudas, sin sentido alguno. Soy mi enemigo. Soy la persona que vive en mi y que nunca me dejará crecer. Hace algunas, hablando con mi psicóloga, le comenté que quería escribir acá. "Desahogate. Exponete. Dejá de mostrarte como inalcanzable. Abrí y escribí con tu corazón. Lo que salga".

Acá estoy. Mirando el celular cada 10 minutos, esperando un mensaje, un mail, una señal que me diga que ella esta ahí pensando en que todo esto es una puta pesadilla que terminará pronto. En un año, de un momento a otro, tenía una familia más, tenía hermanos y primos. Ya no estaba solo. Ya no era es Juan Cruz que deambulaba solo por la vida, ocultando todo. Era una persona, era otro.

Abrí todo lo que pude. Mostré mis miserias más ocultas, mis vergüenzas más profundas y mis miedos mas sinceros. Todo eso le di. Todo eso le conté. Soñaba con una vida juntos. Hace algunas horas, leí por ahí "El que proyecta y no llega se frustra". Tenías razón Lula pero te equivocaste en algo: proyectaba porque te amo con el alma y el corazón. Con todo lo que pueda dar.

Desde el 2008 ya no creo en la tristeza. Sostengo que el peor sentimiento de todos es la angustia. Es el pecho agitado, esa sensación de ahogo y las ganas de querer llorar a los gritos. Cada canción, cada restaurant, cada ciudad, cada sueño que charlamos juntos, cada cuadra. Palermo. Parque Norte. Charcas. Agüero.  Parque Norte. Costanera. Aeroparque. Pilar. Estás en todos lados. Las decenas de horas de películas. De sonrisas. Los mates charlando. Las cervezas en el balcón. Asados. Tus cosquillas. Cada lunar. Cada caricia.

Supongo que, inconscientemente, aprendí amar de la misma forma de mierda que percibí siempre en mi entorno. No hay un manual de estilo, un reglamento. Cada uno como puede, como le sale. Lo mio fue nada. Nunca estuve a la altura del hombre que una mujer como ella necesita. Si lees estas líneas, solo te pido Perdón. Perdón con toda mi alma de algo que yo nunca me voy a perdonar. "Ya va a pasar", dicen los facilismos. Hace cinco años espero que pase la angustia por la muerte de Leandro y no pasa. Hace más de 15 años espero que pase el recuerdo de ese departamento, con la luz apagada. Y esta angustia calculo que no se irá. Creo en que todo puede cambiar.

Para el resto seguiré adelante, sin andar culpándome por las cosas estúpidas que hice. Ya no quiero mentir más. Esa herramienta que en algún momento sentí que me cuidaba, hoy me enterró tres metros bajo tierra.

Me dio su abrazo en mis momentos más difíciles e inimaginables, pero por sobre todo, me amó como nadie lo va hacer jamás. Perdón por haber sido tan idiota. Mientras cierro esto, trato de abrazarla y recuerdo un abrazo, cuando después de ir a buscarla a la casa de una amiga, le comenté que lo que creía que tenía mi sangre no era así. Ese abrazo me protegió. Me protege aún hoy.

Te amo y hoy se lo grito al mundo. Aquí quedarán estas líneas que nunca se borrarán. NUNCA. Gracias LULA por haberte cruzado en mi vida. GRACIAS por demostrarme que en la tierra también hubo un ángel que me cuidó siempre. Yo fui la bestia que lo único que supo hacer fue desgarrar. Tengo miedo. Mucho.

"Me golepaste con tus ojos de furia...
Me acariciaste con tus labios de astucia...
Me regalaste un rato, te quedaste para siempre...
Me regalaste tiempo, me volviste indemne..."

Terminaré está canción con el deseo de poder escuchar de tu boca: "Ya pasó", y tu mano extendida.

"Era hermosa su mirada y en aquella madrugada hubo más de una razón para mirar al cielo para agradecer que no soy ciego y pude ver su color". Gracias otra vez. Tenías razón "te vas a quedar solo". Ya en eso no puedo contradecirte.

Te amo

Juan Cruz

Tu Da Vinci del show.




El libro en el que Sergio Massa cuenta toda la verdad



Estás muerto

Estas de líneas de mi amigo Gustavo Bazzan me movieron completo. Las escribió cuando todos nos enteramos del asesinato de Candela. Hoy, con el cadáver de Ángeles, vuelven a tener vigencia. Una mierda

La ves sentada en un rincón, asustada, llorando, sucia,
tal vez con mocos alrededor de la naríz y los ojos
hinchados de tanto que lloraron desde el lunes que la agarraste,
saliendo de la casa, rumbo a la reunión con los scouts.
Tal vez no querés mirarla a los ojos, ni a ella ni a tu jefe,
tal vez rogás para que se termine todo. Tal vez no.
Pero alguien dice, “dále!”, y entendés qué quiere decir ese “dále!”
¿Le pedís que se levante? ¿La agarrás de los pelos?, ¿la drogas?
¿Le pegás con un fierro en la cabeza para que todo sea rápído?.
Dicen que estaba desnuda. ¿La desnudaste vos? Cómo hiciste?
¿Estaba consciente o ya le habías dado el fierrazo en la cara?
¿Le sacaste la ropa y pensaste, “qué linda piba”,
¿te calentaste cuando le viste desnuda?
¿O estaba despierta y la manoseaste a propósito?. “¡Dále!”.
¿Te dieron la bolsa negra o la fuiste a buscar vos?
¿Ella te miró a los ojos o ya estaba desfigurada y muerta?
¿Vos le pegaste, la desfiguraste, mientras mirabas
esas manos con las uñas pintadas? ¿Le pegaste con ganas?,
¿sentiste algo?, ¿llorabas vos también?
¿Tomaste conciencia en algún momento de lo que estabas haciendo?
“¡Dále!”. ¿Te dieron la bolsa y dijiste, “qué hago, cómo la meto adentro?,
¿entrará?” ¿Pensaste en cortarla en pedazos?.
¿En serio pensaste, rogaste, para que se termine todo?
¿Pensaste en hacerle un nudo a la bolsa,
como se les hace un nudo a la bolsa de residuos?
¿Vomitaste? ¿Te diste un saque para aliviarte?
¿Pediste ayuda para cargarla en el baúl? ¿Pensaste “qué liviana que es”?.
Cuando bajaste la tapa del baúl ¿en qué pensaste?
¿Manejaste vos? ¿Te bajaste del auto y no podías abrir el baúl?
¿Lloraste, pensaste en algo distinto para aliviarte?
¿Agarraste la bolsa y no quisiste mirar?,
¿la tiraste al basural y te fuiste rápído al auto?, ¿vomitaste?
¿Sabés que la gente pide pena de muerte?
¿Sabés que ya estás muerto?.


Perdón Abuela.

Recordar un último abrazo. Hagan la prueba. No es una tarea fácil. Es de esas cosas que creemos que nunca olvidaremos porque ahí están.

Mentira, se olvida como todo lo que termina en un puto archivo de la memoria que no será fácil volver a traer a la superficie.

Hace pocos minutos me avisaron que mi abuela entró en agonía. Esa manera estúpida que tienen los médicos para decirte en palabras formales eso que determina que ya no se puede hacer nada. Era previsible, ya estaba hace varios días en terapia intensiva. Siempre fue testaruda, eso la llevó a soportar y bancarse vivir en un estado clínico que ninguno de nosotros podría haber sobrellevado ni siquiera un día.

Escribo estas palabras con recuerdos que ahora aparecen como fotos nítidas, muy claras y muy recientes. No fui un buen nieto. Al menos en esta última etapa. Sabía que con un llamado podía hacerla inmensamente feliz, pero aún así, no la llamé tanto como lo merecía. Apenas la llamé.

Hace casi un año, escribí esto. Hoy lo vuelvo a leer


Saber de despedidas debe ser de las pocas cualidades que uno no pone en su CV. Vivir en el otro extremo de donde viven tus amigos y tu familia te acostumbra a eso. A un rosario de despedidas que siempre tiene una cuenta nueva. No me gusta ese ritual. Es más, si puedo irme sin despedirme mejor. Me angustia, me tensiona. Me voy silbando bajito y después se arregla con un llamado diciendo que "se me hizo tarde". Mastico ese dolor en la soledad de un hall de pre embarque, en un avión, en un auto. Auriculares puestos y a otro cosa. Un par de horas después, estás en el mismo lugar del que partiste. Con esa rutina gris y el sentimiento de que lo tuyo está en otro lado.

Estuve 10 días en Río Gallegos y desde el 2008, cada vez que me despido de mi familia me pregunto si será la última vez. Sí, es verdad, puede sonar tremendo pero cuando la tragedia ya la sentiste cerca. Uno piensa así, el "no me va a pasar nunca" ya no corre. Una vez que te tocó, es difícil despegarla. Te marca. Te daña. Esta vez fue distinto, dejé mi orgullo de lado y antes de irme fui hasta la casa de mi abuela. Tiene 90 años, vive sola en la otra esquina de mi casa. Ella está convencida que está bárbara pero los médicos nos dicen lo contrario, que ya está en la recta final. No es chamuyo. Uno lo nota. Lo siente.

Toqué el timbre y esperé que me atienda. La saludé, le di un abrazo muy grande y muchos besos. Le dije que la quiero mucho, que la voy a extrañar y que se porte bien. Lo sentí como un último abrazo. Está frágil. Más que un abrazo fue una caricia. Ella se acurrucó en mi pecho y por unos segundos pensé que la estaba protegiendo. Fue rápido, no quería que ella sienta algo distinto a un habitual saludo. No sé cuándo podré volver. Ojalá tenga esa última oportunidad. Otro abrazo que le de aire, saber si se portó bien o no y decirle que la estoy esperando.



Tuve esa última oportunidad. Pensé que iba a tener otra. ¿Qué irónico no? Siempre jugamos en el límite y hoy no recuerdo como fue ese último abrazo. Eso no me lo puedo perdonar. Ya no.


Chau Washington. Hola Seattle

La primera semana de la beca pasó muy rápido. Otra vez, como me pasa siempre, muchas ganas de escribir pero poco tiempo. Trato de descansar para poder disfrutar más del día y estar despierto. Pasó Washington, ahora es el turno de Seattle. Escribo estas líneas desde el avión, luego de una pequeña escala en Chicago, la magia de Internet, o la de los satélites, no sé,  hacen posible una conexión desde 10 mil metros de altura, durante todo el viaje.

Durante estos primeros siete días, mantuvimos muchas reuniones en las que se nos explicó el funcionamiento del Estado norteamericano y pudimos conocer de primera mano cómo es el trabajo en cada una de las áreas en las que se pela para lograr mayor transparencia. Desde la lucha contra la corrupción desde la Justicia, hasta el trabajo de las comisiones de control de financiamiento electoral. Muchas preguntas, muchas respuestas y algunas incógnitas. Todo pasa por un tema cultural. Ahí está el secreto. Son posibles los cambios, pero se debe querer cambiar. La transparencia sin querer ser transparente termina siendo un sin sentido que se queda a medio camino.






EE.UU. Una nueva experiencia

Desde el domingo estoy en los Estados Unidos y me quedaré aquí hasta fin de mes. Fui elegido por el Departamento de Estado norteamericano para participar del programa "Accountability in Government". Se trata de una beca para conocer cómo el gobierno estadounidense trabaja la transparencia de gobierno y el acceso a políticas públicas. Otro de los objetivos, es poder conocer de primera mano cuáles son los métodos que utiliza USA para la lucha contra la corrupción. Si bien el programa es financiado por el gobierno de los Estados Unidos, el Departamento de Estado solo aporta parte de la logística: del contenido de estudio se encargan distintas ONG, dedicadas a las relaciones internacionales.

Los primeros días serán en Washington, pero durante las semanas de septiembre iré viajando por distintas ciudades junto a representantes de: Tanzania, Nigeria, Rep. Checa, Bulgaria, El Salvador, India, Iraq, Israel, Peru, Líbano, México, Indonesia, Kenya, Ghana, Angola, Namibia, Montenegro, Palestina y Filipinas. No es un beca solo para periodistas, soy el único, algo que hace de este viaje algo mucho más interesante. Entre los participantes de todo el mundo hay: asesores de diputados, ministros, dirigentes sociales, especialistas en derechos humanos, intendentes, jefes de policía, secretarios de Estado y dirigentes de organizaciones no gubernamentales





Ayer (lunes), aproveché el día libre y volví a un museo en el que había estado el año pasado: Newseum. Uno de los museos más nuevos de Washington, dedicado en forma exclusiva al periodismo, el cual recomiendo sin lugar a dudas.  Les dejo algunas imágenes que tomé para poder compartirlas (Ver arriba).

La primera foto no es de Newseum, es del hall de entrada en el edificio del Washington Post. Es un mural que establece "Los siete principios de la conducta de un diario", escritos por Eugene Meyer, el fundador del Wapo, en 1935. 

También pueden seguir algunas cosas del viaje en: http://lanadamisma.tumblr.com 




Ottavis, saludá al pajarito


Quinta de Olivos. Año 2002. El presidente de la Nación, Eduardo Duhalde, se abraza con los dirigentes de la Juventud Peronista. A la izquierda, José María "Blackberry Messenger" Ottavis, con saco marrón y corbata a tono, muestra con su sonrisa la felicidad de vivir ese encuentro. Momento Kodak para uno de los máximos dirigentes de La Cámpora.


"La concha de la lora, tirame una"

‎"Tengo una discusión bastante insoportable dentro de mí, porque la ausencia de fe significa mucha soledad. Y vos te quedás ahí, rumiándole a la nada, pero de golpe necesitás realmente un milagro, o una ayuda que los seres humanos no te la pueden dar. Y te quedás mirando al cielo y decís: 'La concha de la lora, ¡tirame una!'" 


Mario Pergolini en la Rolling Stone.