¿De dónde somos?

Jugar a la pelota. Río Gallegos. Amigos. Club. Escuela. Recreos. Recuerdos que aparecen y desaparecen de mi cabeza con la particularidad de un sistema informático irregular que cada tanto te tira un archivo para que te hagas cargo y decidas qué hacer. Los que somos del interior y dejamos nuestra ciudad para irnos a estudiar nos enfrentamos al desafío del desarraigo obligado. De un momento a otro dejamos de hacer lo que hicimos durante 17 años para pasar a una rutina que vamos a perfeccionar con el estilo de un cirujano.

Por un tiempo, cundo te referís a "tus amigos" son los de tu pueblo, el resto pasa a ser "los de la facultad". Una frontera irrenunciable. Cuando te preguntan: "¿De dónde sos?", mi respuesta durante mucho tiempo fue: "Río Gallegos, pero hace un par de años vivo acá. Me vine a estudiar". Una explicación eterna para sentir que no estamos traicionando a nuestros orígenes. El tiempo va pasando y la selva de cemento te va consumiendo. Ya no necesitas la Guía T. Ya sabés dónde te deja el 39, tenes la precisión exacta para saber donde pararte en el andén del subte y tenés claro el chino que te vende birra a las 3 de la mañana. Pasan los años y tus comienzos cada vez están más lejos. Tus viajes a tu pueblo son más esporádicos y cortos. Asumís responsabilidades irrenunciables en Buenos Aires y dejás de ser de ese lado para ser de este otro y eso que siempre negaste ser se apodera de vos: ser porteño.

¿Recordás el momento en que durante un viaje te aparece ese golpe que es extrañar Buenos Aires? Su ritmo, sus olores, su locura.

Hago cuentas en mi mente y ya estoy en el punto en el que gran parte de mi vida activa ya la pasé en Buenos Aires. Considero "vida activa" a ese momento es en el que ya decidís por tus propios intereses, #ponele desde los 15 años. Cuando manejás tus propia agenda con amigos, club, deportes, salidas. Ya llevo 10 años en Capital y la sensación que ya soy de acá es clara. Mis hijas nacieron acá. Formaré mi familia en estas cuadras. Mi carrera profesional se forjó acá y ya no tengo que renegar por eso.

El regreso a mi Río Gallegos ya no es el mismo. No estuviste en el día a día del cambio. Hay calles que cambiaron de nombre, edificios que se tiraron abajo y la generación que conduce ya es otra. Lo peor aparece cuando cosas que pensaste que nunca ibas a olvidar ya está, las olvidaste. El nombre del kiosko que quedaba a una cuadra de tu casa, el local al que ibas a comer a la salida del colegio. Cuando te cuesta ir a la casa de los padres de tus amigos. Tenés que ir a saludar y saber cómo llegar pasa a ser una dificultad pero no podés llamar a preguntar el cómo. Sabés dónde es, porque es así, no hay duda pero perdiste la facilidad del camino.

Sin embargo nada podrá eliminar la sensación de esos atardeceres, de esos cielos y el recuerdo que ahí te forjaste. Aquellas cosas que nos hacen lo que hoy somos son todas ellas que no elegimos: nuestros padres, nuestro apellido, nuestro escuela, nuestro barrio, nuestra ciudad. Nada de eso fue elegido por nosotros. Detené el tiempo. Pensá que el presente en el que estás es imposible sin el pasado que quedó atrás. Somos un poco de todos lados, al fin y al cabo... todo está en uno.






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