Buenos Aires. Lunes, 13 de septiembre de 2010
Perdón, hace mucho tiempo que no te escribo. Se que no hace falta, pero sabes mejor que nadie que es lo único que me permite llegar a vos. Lo único que me permite blanquear mi cabeza y poder seguir.
Seguro que estás al tanto de todo lo que ocurre acá abajo, incluso mejor que yo. ¿Viste? Tu River y mi Racing pelean el descenso por igual. Creo que puedo ver tu sonrisa.
Seguro que estás al tanto de todo lo que ocurre acá abajo, incluso mejor que yo. ¿Viste? Tu River y mi Racing pelean el descenso por igual. Creo que puedo ver tu sonrisa.
Te extraño. Dejo pasar el tiempo, intentó seguir adelante pero siempre estás, estás en ese recuerdo duro. Siempre. Ya me acostumbré, trato de no llorar y empezar a sonreír. Dicen que el tema del duelo es así. Que al principio te vamos a recordar con tristeza y que después tu presencia nos llevará a los recuerdos que guardamos y que nos hicieron felices. En mi caso, a casi dos años de tu partida todavía no ocurre.
A veces, cuando me detengo y miro tu foto intento desafiar al tiempo. Busco llegar a la profundidad de algo que me de una respuesta concreta, sabiendo que eso no va a ocurrir. Muchas veces al día, en lo instantáneo de lo cotidiano, buscando un teléfono en la agenda, llegó al tuyo: “Leandrito”. Nunca lo borré. Me detengo unos segundos, lo miro y sigo. Rendido. Mi cabeza por un instante quiere llamarte, contarte que acá estoy, decirte que te quiero y que te necesito conmigo.
A veces, cuando me detengo y miro tu foto intento desafiar al tiempo. Busco llegar a la profundidad de algo que me de una respuesta concreta, sabiendo que eso no va a ocurrir. Muchas veces al día, en lo instantáneo de lo cotidiano, buscando un teléfono en la agenda, llegó al tuyo: “Leandrito”. Nunca lo borré. Me detengo unos segundos, lo miro y sigo. Rendido. Mi cabeza por un instante quiere llamarte, contarte que acá estoy, decirte que te quiero y que te necesito conmigo.
Vos sabes que esta introducción no es casual. Vos sabes lo que pasa mañana y te pido perdón por no estar ahí. Te pido perdón por no acompañar a tu mamá, por no estar con Agus y no abrazalo a Julio. No puedo. No se como voy a reaccionar al tenerlo a él ahí. Sentado. Negando todo.
Tengo ganas de creer en la Justicia. Se que vos lo perdonaste, nunca tuviste maldad. Pero yo no. Sólo quiero que la Justicia de el ejemplo y nos ayude a cerrar una etapa.
Que este capítulo sea un antes y un después y que cada vez que ocurra algo parecido por un asesino al volante, tu ejemplo este ahí y ayude a cerrar heridas. Heridas que no van a curar, sólo van a cerrar. La mía duele por dentro, quema e intenta despertarme de la letanía que me genera la angustia del ya no tenerte. Busco tu última sonrisa, busco tu mirada, busco tu voz. Todo empieza a ser el recuerdo, del recuerdo, eso que empieza a desdibujarse como una erosión facilista de mi memoria. Todo quiere borrarse, todo menos vos. Todo menos la fuerza que me da tu nombre. Menos la fuerza que me da el saber que nos cuidas. Que estas por sobre todas las cosas y que esa estrella que se apagó acá en esta jungla, ahora brilla arriba y, más que nunca, nos ilumina a todos. A mamá, a papá, a Agus, a Nacha, a los abuelos, a Lucila, a todos por igual. A todos lo que quieren Justicia. A los que todos los días pierden a sus seres queridos por acción de la irresponsabilidad de otros o por la inacción de los que tienen las herramientas para poner un freno a esta locura. Por la ejecución de asesinos que salen por una puerta y entran por la otra. De asesinos que se jactan de sus actos. De asesinos que no sienten culpa. También están los otros, los que todavía no mataron a nadie pero se nos ríen en la cara, en la tele, en los medios con la impunidad del saber "que todo pasa". A ellos también iluminalos.
Que este capítulo sea un antes y un después y que cada vez que ocurra algo parecido por un asesino al volante, tu ejemplo este ahí y ayude a cerrar heridas. Heridas que no van a curar, sólo van a cerrar. La mía duele por dentro, quema e intenta despertarme de la letanía que me genera la angustia del ya no tenerte. Busco tu última sonrisa, busco tu mirada, busco tu voz. Todo empieza a ser el recuerdo, del recuerdo, eso que empieza a desdibujarse como una erosión facilista de mi memoria. Todo quiere borrarse, todo menos vos. Todo menos la fuerza que me da tu nombre. Menos la fuerza que me da el saber que nos cuidas. Que estas por sobre todas las cosas y que esa estrella que se apagó acá en esta jungla, ahora brilla arriba y, más que nunca, nos ilumina a todos. A mamá, a papá, a Agus, a Nacha, a los abuelos, a Lucila, a todos por igual. A todos lo que quieren Justicia. A los que todos los días pierden a sus seres queridos por acción de la irresponsabilidad de otros o por la inacción de los que tienen las herramientas para poner un freno a esta locura. Por la ejecución de asesinos que salen por una puerta y entran por la otra. De asesinos que se jactan de sus actos. De asesinos que no sienten culpa. También están los otros, los que todavía no mataron a nadie pero se nos ríen en la cara, en la tele, en los medios con la impunidad del saber "que todo pasa". A ellos también iluminalos.
En este tiempo el reloj nunca se detuvo. Siempre hay un minuto que me vuelve a cero. Que me lleva a esa mañana, a ese llamado, a ese grito, a esa desesperación. Siempre hay un minuto que me rompe y me desarma. Me deja sin escalas en ese 7 de diciembre. Me ahoga. Un minuto que vale por una eternidad. Un minuto que destroza por mil. Un minuto que ya no quiero mentir.
Te dejo algo que te escribí hace algunos meses:
El tiempo sigue pasando. El tic tac abruma. La vida continúa dicen los falsos sabios. La vida cambia digo yo. Continuará, con sus alegrías, con sus tormentos y futuras frustraciones, con sus momentos maravillosos y con la rutina, pero ya no será la misma. Irá de la mano de su amigo el tiempo. Juntos se reirán de mí, cuando el recuerdo del momento se transforme en el recuerdo del recuerdo. Cuando la lágrima sea sonrisa.
El tiempo sigue pasando. No habrá soluciones, faltarán respuestas. Siempre será así. Ya no importa. Hoy será distinto. Mientras hace correr sus segundos, lo volveré a mirar a los ojos. Sin odio, sin rencor. Lo saludaré y le diré gracias. Gracias por haberme dado algunos minutos de sus 15 años de vida. Gracias por haberme dado los minutos para decirle te quiero, darle un abrazo, mirarlo a los ojos y soñar con él. No fueron suficientes, pero hoy me niego a perderlos. Hoy, más que nunca, me niego a olvidarlos.
Te quiero
Yo, Cacú.
