Entrevista a Miguel Wiñazki

ENTRE PLATON Y LA NOTICIA DESEADA

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Crítico y analista de los medios, Miguel Wiñazki, aborda su concepto de “Noticia Deseada”, su último libro, desde su doble papel de filósofo y periodista. Recorre sus inicios en el periodismo y asegura. “Es fácil hacer clientelismo periodístico”.

Con el traje desarreglado, propio del ritmo de una mañana dividida entre los quehaceres de periodista, jefe de capacitación del diario Clarín y director de la carrera de Periodismo de la Universidad de Belgrano (UB), Miguel Wiñazki acepta el desafío de desmenuzar su último libro, “La Noticia Deseada”. Un hombre acostumbrado a estar en mil lugares a la vez y a repartir su tiempo libre entre las noticias y la filosofía, Wiñazki, no dejó ningún tema en la mesa. Arrancó el diálogo con un simpático “¿Ya está todo listo?”, colocó el celular arriba del escritorio, miró la hora y levantó la vista decidido a volver a recorrer lo caminos que lo llevaron a escribir su noticia deseada. Con sus respuestas deja visitar los laberintos que lo llevaron a ser un filósofo con el grabador y el diario en la mano. Miguel, como lo conocen dentro del ámbito académico, hablo del accidente de Carlos Menem Jr. ¿atentado?, el suicidio de Yabrán ¿sigue vivo? y realizó una fuerte autocrítica al periodismo actual.
-¿Por qué usted como filósofo decidió ejercer como periodista?
Miguel Wiñazki: - A los 15 años comencé cubriendo fútbol de Primera B con la intención de trabajar. No elegí al periodismo, sino que el periodismo me elige, porque llegó la posibilidad hacia mí. Empecé cubriendo fútbol de Primera. Mi primer partido fue Racing – Temperley. Inolvidable. Fue una circunstancia fortuita. Por casualidad, el corresponsal veía mal. Se llamaba Jorge González de Dios. El tipo decía “atento Yiyo, gol de Racing” pero no sabía quién había hecho el gol, escuchaba nada más. Entonces necesitaba a alguien joven que viera el gol y supiera de fútbol. Me pregunta en un encuentro si yo veía bien y si entendía de fútbol. Era el caso y me contrata. Fui elegido antes por el periodismo, porque a partir de allí empecé a trabajar en Radio Antártida y en Radio El Mundo, en diversas radios de segundo orden, primero cubriendo algunos partidos de Primera A, luego de Primera B y, al fin y al cabo, trabajando en el piso haciéndole reportajes a jugadores de fútbol.

-Pero… ¿Qué tiene que ver ésto con la Filosofía? ¿Cómo se pueden juntar las dos cosas, el periodismo y la filosofía?
- Me acerca a una pragmática, a una vida real de trabajo. ¿Si me apasionaba cubrir fútbol de Primera B?, no. Una situación permanentemente violenta. Pero sí me alimentó de la visión real de la sociedad argentina. Luego elijo, la Filosofía como vocación y el Periodismo como trabajo. Estudié muchos años Filosofía, hasta el día de hoy. En términos profesionales, lo que me dio la articulación entre Filosofía y Periodismo, en el mundo académico, fue el realismo que le otorga a una persona ser periodista y conocer el vestuario de fútbol de Flandria, que era un equipo de Primera B de Jáuregui, que hay que ir hasta ahí (risas), o la cancha de Almirante Brown o Tigre, donde hay que ir y sobrevivir. Luego, mi historia profesional como periodista, me permitió conocer diversos ángulos de la realidad, del poder, de los sojuzgados, de los humillados en este país y en otros lugares, muy especialmente la realidad del poder. En términos filosóficos el tema del análisis del poder y qué es la injusticia, y todo ese tipo de cosas. Las pude retroalimentar desde mi visión concreta de la vida periodística. Además, me ayudo a saber que es el trabajo fuera de la academia y en el trabajo, aplicar cosas de ella.

Con varios diplomas bajo el brazo, entre los que se destaca”Professional Journalism Fellowship. Knight-Wallace Fellows”, que se lo otorgó la Universidad de Michigan de Estados Unidos en el 2003, Wiñazky, sigue incorporando conocimientos y libros a su autoría (nueve libros en total). Especialista en Ciencias Políticas y profesor de filosofía, analiza la “Noticia Deseada”, su última creación…

-¿Cuál fue el disparador que lo llevo a escribir el libro?
- Me indignaba la ligereza de la opinión pública y de ciertos medios que confunden periodismo con ser espejo de la opinión pública. Hay errores garrafales en diversas investigaciones y mucho por clientelismo periodístico. Las noticias no se matan y los hechos por algún lugar aparecen. Primeramente la opinión es facilismo periodístico. Lo de Júnior y lo de Yabrán fueron disparadores importantes. Yo fui amigo personal de José Luis Cabezas. Ganamos un premio juntos, muy importante, realizamos viajes como equipo. Me desesperó lo que hicieron con él y seguí el caso personalmente, como parte interesada. También sabía que Yabrán se había suicidado. Esos dos errores de la opinión pública, creer que Yabrán está vivo y que a Carlos Menem Júnior lo mataron, me parecieron temas muy interesantes, contracorrientes. Si uno quiere tener éxito debe ir a favor de la corriente, pero la verdad es que un periodista no debe buscar el éxito. Es otro el camino.

- Con respecto a los otros casos que trata el libro… ¿Cómo los trabajó?
-El caso de Malvinas por cuestiones personales, ya que había vivido la cobertura de la guerra. Hay un libro que cuenta nuestras aventuras durante la guerra de Malvinas, como periodistas y tenia muchos deseos de que los sobrevivientes de Malvinas contaran aquéllo que fue el horror mediático, propiciado por la censura y la histeria de la opinión publica. El caso del gorila fue un caso secundario, pero me interesó también porque fue la noticia más leída en todo el mundo, y era muy llamativo. El caso de De La Rúa, fue producto de una conversación con Daniel Capalbo. En realidad primero fue el caso De La Rúa, después me agarró a mí la indignación por los otros casos. Daniel me dice “Che, De La Rúa, ¿es el caso inverso?”. Yo ya tenia la teoría de la noticia indeseada y cuando me lo cuenta me pareció fantástico. En realidad empecé a escribir el libro por este caso.


-¿Por qué siendo un libro periodístico la primera esfera es tan lenta, con tantas citas filosóficas?
-El libro pretende ser una articulación muy compleja entre periodismo y filosofía, que es una exposición de mi doble perfil. Por eso elegí el concepto de esfera. Efectivamente tiene dos ritmos: el ritmo de la filosofía, lo que llaman los filósofos la vía larga y el discurso periodístico, que está fundado en la concisión y la rapidez. El discurso filosófico, por el contrario, esta fundado en el análisis. De tal forma el texto es como todo lo que escribí siempre. Yo no puedo prescindir mi mirada filosófica sobre los hechos periodísticos, ni tampoco puedo dejar de ver la filosofía con un cierto sesgo periodístico, es una doble critica.

- Pero usar el doble discurso, el filosófico y el periodístico… ¿No le da como miedo a que un potencial lector empiece a leerlo y se aburra?
- Estoy convencido de que elijo no tener lectores masivos. Es una decisión. Yo sé y en las editoriales saben cuál es mi perfil y no voy a ceder en éso. Muchos lectores ni siquiera compran mis libros, ya por las primeras páginas. Por ejemplo, en el ámbito académico hay personas que han leído el libro y que me critican por haber puesto una parte periodística Ahora estoy escribiendo otro libro sobre Mariano Moreno que expulsa al lector desde la primera carilla. Lo que vende es lo que hace Lanata, que ha hecho barbaridades con la investigación periodística. Es fácil hacer clientelismo periodístico.

-¿Nunca escribió un libro pensando en el éxito editorial?
-No. Por ejemplo, cuando yo escribo el libro “El último Feudo” a Rodríguez Saá no lo conocía nadie y era muy difícil hacerlo, porque son tipos muy peligrosos y mucho más en 1995, cuando tenían la impunidad de ser desconocidos. Cuando yo ofrezco ese libro en Planeta, les pareció fantástico pero, además, me ofrecieron hacer un libro sobre la vida privada de los hijos de Carlos Menem. Eso hubiera vendido enormemente en plena época menemista, era la posibilidad de hacer dinero con los libros y yo no lo hice. Preferí hablar de Rodríguez Saá, un personaje crucial y nefasto de la historia argentina. Sabía que no iba a vender, pero cinco años después, Rodriguez Saa, fue presidente. Que queden los lectores que uno elige.

-En “La noticia deseada” usted identifica que la noticia deseada desde conceptos propios de la filosofía ¿Cómo se puede transcribir este concepto para un público más general?
-La opinión pública son las personas que hoy deben haber contestado una pregunta en una encuesta diaria en Clarín.com. El sistema de sondeos que pone a la opinión pública, en primer plano, es un sistema de anestesia. Es decir, yo opino sobre temas muy complejos con un clic y digo sí o no, y finalmente opino de cualquier cosa. Tiene un enorme peso. Los políticos están observando constantemente lo que enuncia la opinión pública. Cabe sospechar de toda opinión, en primer lugar, porque la opinión, filosóficamente, es el nivel de saber que puede prescindir de los hechos. En cambio, el saber mismo, se arraiga en hechos empíricos, necesitas los datos. Entonces, a Júnior ¿lo mataron o no? No importa lo que opines. La gente opina que lo mataron. La gente opina de cualquier cosa y además la opinión tiene otra característica: cambia, es volátil. El periodismo debiera ser una lucha contra la opinión, porque la opinión es decir lo que a uno le parece sin haber investigado. En términos simples, hay un acostumbramiento a opinar, lo cual implica tener anestesiadas las antenas analíticas, no indagar. No analizo nada y opino. Los hechos normalmente contradicen la opinión.

-¿Qué tratamiento le dio al libro la prensa?
-Me buscaron de muchos medios. Del interior del país, del exterior y concretamente en la Argentina, el anticipo salió en el diario La Nación. Hubo una crítica muy arriesgada en la revista Noticias, de Elio Gandolfo, que fue excelente. Muy arriesgada porque era darle la critica a un literato. Además yo había tenido una experiencia dura en Noticias. Estaba enfrentado con la revista y temía algún tipo de venganza, pero Fontevequia es un caballero y le dieron la crítica a Elio Gandolfo. Ahí había otro problema, que era la crítica de un libro, en la pluma de Gandolfo, un literato. Creo que los periodistas entienden mejor el libro porque para los literatos y teóricos el libro es insoportable. La otra crítica me la hizo Daniel Santoro en Ñ, que es un honor porque él es quién es. Todas las radios importantes de Capital, medios del interior y medios de Estados Unidos sobre todo vinculados con la Universidad de Michigan, se interesaron por el libro.

-¿El libro tuvo el impacto esperado?
-Si, yo lo que temía era una refutación. Escribir un libro periodístico es una vivencia que genera mucha ansiedad. ¿Por qué? Porque podés equivocarte. Una nota genera mucha ansiedad, una columna en un diario. Un libro con tesis que confrontan contra la opinión mayoritaria genera una enorme ansiedad.

-La tesis de “La noticia deseada”… ¿va contra la corriente de lo que normalmente creen los teóricos que lo que los medios hacen con la gente? ¿Por éso tenia ese miedo?
-Hay personas que estudian los medios, que pueden descalificar la tesis de “La noticia deseada”, porque la tendencia es la opuesta, la de creer que la opinión pública opina lo que opinan los medios. En realidad, lo que yo digo es que la opinión pública opina lo que opinan ciertos medios que hacen seguidísimo de la opinión pública, pero no opina lo que opinan los medios más serios. Entonces la tesis dominante se inclina a pensar que los medios construyen los acontecimientos. Lo que yo digo aquí es que la opinión pública también construye acontecimientos, que hay una coproducción.

-¿Cómo obtuvo la información que lo llevó a realizar las distintas investigaciones?
-Yo sabía lo de Júnior por el testimonio de periodistas deportivos que habían viajado en el helicóptero de Júnior. Uno me había dicho que Júnior intentaba pasar los puentes de la Panamericana por abajo. Tenía testimonios de periodistas como Christian Balbo, que lo vio aterrizar en la quinta de Olivos. En el libro, yo no me meto en la vida privada, pero la noche antes de morir Júnior estuvo con dos mujeres. Sin dormir, iba a hacer ese trayecto y luego a correr una carrera. Lo sabía porque por interés personal había estudiado preliminarmente la documentación más o menos seria y por testimonios muy taxativos de la gente que lo conocía. El caso de Yabran lo había investigado yo.

-¿Hubo una operación mediática?
En realidad es así, Rotundo, que trabajaba para Zulema Yoma, es un personaje siniestro para la historia argentina, asesor directo de López Rega. Es un ladrón, está prófugo. Rotundo es gay, ¿Qué tiene que ver? Él pagaba a muchachitos o presos a los que iba a ver en la cárcel de la zona de San Nicolás. Les ofrecía dos cosas, hacerles favores sexuales y seis mil pesos, son cosas que yo no cuento en el libro, y el les pedía que testimoniaran que habían matado a Júnior. Por seis mil pesos, presos, drogadictos, tipos con libertad condicional, iban a un medio y decían cualquier cosa. Un tipo que nombro en el libro es Eric Fuentes, que decía que era narcotraficante colombiano, tres días después de decir que lo había matado, él dice “No. Yo soy albañil peruano y no tenia guita.

-¿Por qué Zulema Yoma y Rotundo promueven la hipótesis del atentado?
-La más verosímil es que había un juicio de la mujer de Oltra por muchos millones de dólares. No es por el seguro del helicóptero, que era de los Yoma, sino que si ellos decían que Júnior se había muerto por imprudencia iban a perder el juicio contra la mujer de Oltra y entonces tenían que decir a toda costa que era un atentado. Esta es la hipótesis, a posteriori de la escritura del libro, más verosímil. Diciendo que era un atentado, no había juicio posible.

-¿Por qué predomina la Petocracia y no la democracia como lo afirma en su libro?
-La democracia implica entre la opinión pública y el Gobierno, una mediación. El pueblo en democracia no delibera ni gobierna, sino a través de sus representantes. Está roto el sistema de representación. Los medios lo han roto. Por ejemplo, “se me está cayendo la escuela”, llego a los medios haciendo una marcha y la arreglan. La sociedad descubre que como la representación no funciona, los legisladores son corruptos, no hay representación y que la manifestación o que la encuesta funciona. La petarquía seria: yo persuado a la gente de que quiera A y hago A. No hay representación, deliberación o un análisis. El caso de Chabán. No nos gusta que salga, opinamos lo contrario, pero de acuerdo al derecho tiene que salir. Depende de quién persuada a quién: puede persuadir el poder a la opinión pública o la opinión pública al poder. Es un sistema de persuasión por presión, pero no por deliberación autónoma y libre de los representantes. No hay representantes. Los adolescentes se representan a ellos mismos. “Vamos a romper todo y así van a arreglar la escuela”. Eso es la petarquía y persuade desde la acción misma. Se saltean todos los niveles de representación. Es un problema porque es la ruptura de la democracia deliberativa. Va para cualquier lado u obliga al Ejecutivo a decir una cosa y hacer otra.

-¿Por qué se identifica a las audiencias como tribus masivas?
El concepto de tribu es muy interesante. No tiene una connotación peyorativa. La tribu se cohesiona en función de un jefe que es un mago o un sacerdote al que la tribu respeta porque se considera que porta la verdad. Aquí ocurre en algún sentido como si fuéramos una tribu de millones de personas. Por ejemplo, se escucha a Lanata y decimos que tiene razón.

-En Argentina, ¿cómo convive el periodismo con el éxito periodístico?
-En Argentina hay una gran confusión y grave deterioro de la calidad periodística en función de ésto que se denomina éxito: periodistas desesperados a la búsqueda de pantalla, dinero y reconocimiento público. Un periodista no está para ser el famoso, eso puede ser un beneficio o un perjuicio secundario, pero no primario, no le interesa a ningún buen periodista.

- Realizando una mirada más actual y aplicando sus teorías… ¿Cuál cree que seria la noticia deseada en el caso Cromagnon?
-La Argentina necesita castigar. El tipo es un irresponsable, pero la noticia deseada sería que fuera culpable, que Ibarra fuera culpable, que haya tres o cuatro culpables y que no sea la gente. La noticia deseada es que la gente nunca fue. Los 3000 tipos que fueron con los bebés, con la bengala y todo éso, no fueron. Fueron estos otros, que probablemente también fueron. Hay una cultura de la bengala. En la cancha puede ocurrir una masacre en cualquier momento, se trasladan miles de personas en micro y se balean todos los fines de semana.
Entre sonidos de su celular, que no dejó de sonar en toda la mañana, se marcha, sabiendo que todavía le queda un largo día por delante y alguna que otra entrevista más. Miguel Wiñazki desaparece entre las escaleras del cuarto piso de la UB, paradójicamente, con un paso propio de una persona desorientada, pero seguramente con la tranquilidad que el brinda la filosofía, su vocación y la curiosidad que la aporta el periodismo, su profesión...


DIA DEL PERIODISTA

7 DE JUNIO - DIA DEL PERIODISTA

El Día del Periodista fue establecido en 1938 por el Primer Congreso Nacional de Periodistas celebrado en Córdoba, en recuerdo del primer medio de prensa con ideas patrióticas. El 7 de junio de 1810 Mariano Moreno fundó la "Gazeta de Buenos Ayres", primer periódico de la etapa independentista argentina. La Primera Junta indicó por decreto su fundación por ser necesario anunciar al público los actos oficiales y las noticias exteriores y locales. Sus primeros redactores fueron Mariano Moreno, Manuel Belgrano y Juan José Castelli.

Jurisconsulto; periodista; y escritor; estadista; su importante papel como organizador en el gobierno que siguió a la Revolución de Mayo le valió títulos tales como "el hombre de Mayo" o "el alma de la revolución". Nació en Buenos Aires (fecha de nacimiento un tanto contradictoria), fue su padre, Manuel Moreno, funcionario español del gobierno del virreinato, y su madre, Ana María Valle, una joven de Buenos Aires. Recibió excelente enseñanza, primero en la Escuela del Rey y luego en el Colegio de San Carlos, donde muchos de sus profesores se impresionaron por su inteligencia poco común y procuraron que se le brindasen todas las posibles oportunidades de aplicarla.

En la Universidad de Chuquisaca y para hacerle estudiar allí bajo la conducción del canónigo Terrazas; en Chuquisaca (hoy Sucre, Bolivia) Mariano estuvo inmerso en las ideas de la Ilustración y fue imbuido del deseo de ver a la Argentina progresar a tono con los lineamientos indicados por Adam Smith y Rousseau; se graduó en la Universidad con una tesis rememorativa de la sublevación de Tupac Amaru unos años antes, condenando las prácticas legales españolas de exigir servicios personales a los indios.Moreno volvió a Buenos Aires alrededor de 1805 y pronto se comprometió en escritos y asuntos de interés público al principio se mostró inclinado a unirse al grupo liberal español actuando como relator legal para la Audiencia y finalmente alineándose con el grupo conducido por Martín de Álzaga. En 1809 el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros le solicitó que redactara un memorial para los hacendados y trabajadores criollos para contrarrestar las demandas de los comerciantes españoles monopolistas en el sentido de aplicar restricciones al comercio.Su Representación de los hacendados proponía inequívocamente la apertura del Río de la Plata para el libre comercio durante un período de dos años; era una clara declaración de lo que llegaría a ser la política económica de Argentina después de la independencia e implicó para Moreno el apoyo de los criollos con la caída del gobierno de España durante la invasión de Napoleón.Moreno mostró gran actividad en el grupo patriótico, exigiendo que el virrey llamase a cabildo abierto, con el fin de tratar la crisis política. En su carácter de miembro del cabildo abierto apoyó vigorosamente la deposición del virrey y el establecimiento de una junta elegida por el cabildo abierto, en representación del pueblo. En el gobierno de la nueva junta, formada luego de la Revolución de Mayo, con Cornelio Saavedra como presidente, Moreno fue nombrado secretario, con responsabilidad ejecutiva en asuntos políticos y militares; durante los siete meses en los que mantuvo este cargo, actuó rápida y firmemente para llevar a cabo sus claros objetivos: mantener todo el virreinato leal al gobierno patrio en Buenos Aires, establecer una economía sana y libre, y elaborar una constitución que pudiera establecer legalmente instituciones para preservar las libertades personales, políticas y económicas de una nueva sociedad.Fundó y fue editor de la Gazeta de Buenos Ayres, estableció una oficina de censos y una escuela militar y planificó la formación de una biblioteca pública nacional; reabrió Maldonado, Ensenada y Patagones (Río Negro) como puertos, liberando el comercio y las explotaciones mineras de las antiguas restricciones; equipó y envió ejércitos a diversas partes del virreinato, especialmente al Alto Perú, para luchar contra los realistas. Persuadió a la Junta de que le permitiera obrar firmemente en la represión de la conspiración de Córdoba.Cuando la influencia de Moreno había comenzado a decaer; los críticos aludían a su rudeza contra la oposición, su hábito de usar la intriga para cumplir sus propósitos; muchos creían que Moreno y sus jóvenes y progresistas seguidores criollos representaban solamente los intereses políticos y económicos de la capital en detrimento de las provincias. Saavedra y su grupo preferían un cambio más moderado, antes que el rápido paso revolucionario impreso por Moreno.Los escritos de Moreno han sido publicarlos por su hermano Manuel Moreno, Arengas y escritos (Londres, 1836); editados por Norberto Piñero, Escritos de Mariano Moreno (Buenos Aires, 1896).
"¿Por qué se han de ocultar a las Provincias sus medidas relativas a solidar su unión, bajo nuevo sistema? ¿Por qué se les ha de tener ignorantes de las noticias prósperas o adversas que manifiesten el sucesivo estado de la Península?... Para el logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal, con el título de la Gaceta de Buenos Aires". (Mariano Moreno, Gaceta de Buenos Aires del 07 de Junio de 1810).

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PRISION PREVENTIVA ¿REMEDIO O ENFERMEDAD?

POR JUAN CRUZ SANZ
Políticos, juristas, periodistas y gran parte de la sociedad, parecen hoy estar perdidos en una discusión profunda e importantísima, que sin quererlo define el mito “el argentino sabe de todo y si no sabe, lo inventa”. En los diarios, la radio y la televisión, se dedican a debatir la conveniencia de una figura procesal, un tema aparentemente desierto y limitado a los recintos de la academia y muy poco sexy para los muchos minutos de aire que se le dedican. Pero lo más interesante del caso, es que todos opinan desde diferentes esferas, pero, la gran mayoría, partiendo desde cimientos levantados en arenas movedizas, no puede debatir sobre algo de lo que ni siquiera está seguro de que se trata.

Sin embargo, ese debate tiene una importancia capital y concreta. Los medios, desde su rol de generadores e impostadores de temas en la agenda de la sociedad, se quiera o no, definirán los pasos a seguir con respecto a la continuidad o modificación de la prisión preventiva, la vedette del sistema judicial argentino. Los pasos a seguir determinarán el futuro del sistema jurídico. Si inocentes seguirán conviviendo años junto a verdaderos delincuentes, si los delincuentes estarán libres caminando junto a vos, junto a mí, porque el sistema y la burocracia no los encierra, si las cárceles seguirán inundadas de gente, apretadas como ratas, rompiendo con todo derecho constitucional. Muchos de estas incógnitas surgen a partir de la discusión de este tema. Prisión preventiva ¿remedio o enfermedad?

La jueza Carmen Argibay, la ministra de la Corte Suprema de Justicia, propuso modificar e incluso eliminar el sistema de prisión preventiva, argumentando que por culpa de esa figura, millares de presuntos delincuentes, de quienes aún no se sabe si efectivamente lo son, abarrotan las cárceles de todo el país, convirtiéndolas en lugares donde imperan el caos y la violencia.

Las respuestas no se hicieron esperar. El abogado penalista Jorge Minces dijo que "en ningún sistema, en ningún país civilizado del mundo, la prisión preventiva ha sido eliminada", sosteniendo así, implícitamente, la tesis de que toda innovación en materia de derecho procesal es indeseable. Agregó que la idea de Argibay se fundaba en motivos "ideológicos", tal vez queriendo decir que la jueza quiere dejar a la mayor cantidad posible de delincuentes en libertad. Pero acá quiero realizar un breve análisis. Es verdad, ningún país civilizado del mundo elimino la prisión preventiva, pero en ningún país civilizado un fallo judicial tarda años, décadas en salir, y si a esto le sumamos la famosa ley del 2 x 1 (que implica computar cada año de prisión sin condena como si se trataran de dos años) estamos definitivamente frente a un punto flojo del sistema.

En el medio, se preguntan: ¿por qué debería importarme si se modifica o elimina la prisión preventiva o si se queda como está? La respuesta es bastante simple.

La situación de la Justicia argentina no es la mejor. El hacinamiento en las cárceles, con sus desagradables consecuencias (como el sangriento motín producido hace pocas semanas en Coronda), no es más que un resultado del repetidamente señalado colapso en que se encuentran juzgados y fiscalías, con causas que se demoran años o que prescriben sin resolverse. Argentina no esta a la altura de copiar las leyes del primer mundo. Los máximos dirigentes del derecho argentino deben realizar una fuerte autocrítica y empezar a construir para atrás, para de esa forma asegurar las bases de la justicia argentina y a partir de ahí construir hacia delante.

La cuestión del hacinamiento en las cárceles no es menor, porque determina si las cárceles pueden ser "sanas y limpias", como lo ordena la Constitución Nacional, o se convertirán en incontrolables bombas de tiempo. La simple acumulación de personas puede hacer fracasar cualquier intento de ordenar y pacificar, como lo saben los maestros de las escuelas públicas de las grandes ciudades y suburbios. No es lo mismo manejar una escuela con capacidad para 300 estudiantes y que cuente con 750, que educar en una escuela acorde a sus posibilidades y dimensiones, Salvando las distancias, la analogía cárcel – escuela, sirve para graficar la situación del servicio penitenciario en la Argentina.

Es en ese sentido que la medida propuesta por Argibay podría tener un efecto deseable al disminuir drásticamente la población carcelaria. Pero tal vez el elemento más importante a considerar sea otro. Creo que lo ideal es modificar la actual prisión preventiva, reformar esta figura, de modo que no todos caigan en la misma bolsa, y no todos escapen de la ley. Crear una prisión preventiva acorde a la Argentina.

La prisión preventiva (es decir, el alojamiento de un presunto delincuente en una unidad penal mientras se investiga si realmente cometió un delito, para evitar que escape u obstruya la acción de la Justicia) implica que las cárceles estén llenas de delincuentes condenados, pero también de personas inocentes hasta que se demuestre lo contrario. ¿Como es la situación legal de una persona? Uno es… ¿inocente hasta que se demuestre lo contrario o uno es culpable hasta que se demuestre lo contrario? ¿Difícil no?

Todos reciben un tratamiento similar, son sometidos a las mismas humillaciones, lo que elimina la distinción moral entre quien es delincuente y quien no. Por supuesto, al salir de la cárcel, ni unos ni otros respetan demasiado el sistema legal. ¿Reincidencias? ¿Gente que parece irrecuperable? ¿Qué otra cosa se podría esperar?

Eliminar la prisión preventiva podría implicar que algunos más escapen del brazo de la ley, es difícil pensar que personas culpables de delitos graves, se porten como niños buenos y se sienten en una silla a esperar que la justicia los mande a la cárcel. Pero, la eliminación de la prisión preventiva también descomprimiría la situación y bajaría el nivel de violencia dentro de las unidades penales y, por lo tanto, fuera de ellas. Un preso bien atendido es un preso dispuesto a recuperarse, en tanto que un inocente enviado al infierno es un hombre que ha dejado de creer en la Justicia.